Siempre es bueno recordar de donde venimos, parar y mirar hacia atrás, para, en retrospectiva, entender el camino que nos trajo al presente. No me es difícil recordar los hitos, o momentos especiales respecto al juego, que hicieron que en relativamente poco tiempo, ya que aprendí a jugar Poker algo tarde, recién a los 28 años, en versión de 5 cartas cerradas, haya logrado jugar algunos torneos de importancia y que me brindaran un espacio para escribir sobre Poker en la versión hispana de la, a mi entender, mejor página de formación. La cual, además, está hermanada a la sala de Poker más importante del mundo. Quizás sean pequeñas cosas, pero para mí, un jugador “normal” y sin tanto recorrido, es todo un logro. Hoy me decidí a escribir sobre esos hitos con el fin de compartirlos con ustedes.
Mi relación con esos hermosos 52 cartones pintados, comenzó, como les dije, a mis 28 años. No recuerdo que hacía yo con mi hermano y sus amigos en casa de Nico, uno de ellos. Tal vez era algún cumpleaños. Lo cierto es que me enseñaron rápidamente las reglas (Poker de 5 cartas pidiendo hasta 3 recambios) y después jugué por 2 o 3 horas, por sumas no mayores al valor de unas cuantas cervezas. Hete aquí que a mitad del juego, recibí, pidiendo una sola carta, el primer “Monstruo” de mi vida, la más preciosa escalera real de rojos diamantes. Suerte de “rookie”… quizás. Con “il monstro”, y otras buenas manos, terminé multiplicando varias veces los pocos pesos con que había empezado, y eso que el único novato en la mesa era yo. Pasó el tiempo y solo jugaba en un par de ocasiones al año (sin exagerar, solo 1 o 2, a lo sumo 3 noches al año), cuando casualmente, me reunía con los amigos de mi hermano, ya que mi entorno era ajeno al Poker.
Pero, ese primer hito, el “monstruo de diamantes” en mi primer noche de Poker, debe haberme mordido profundo y dejado algún veneno que aguardaba paciente, en mi sangre, el mejor momento para aflorar y transformarme en amante de este juego. Y el momento llegó, un segundo hito, cuando descubrí el Poker online y el NLH. De repente me encontré con una infinidad de personas para jugar y una gran oportunidad para aprender y mejorar. Pero solo jugaba freerolls debido a las dificultades para depositar desde mi país (primero el famoso corralito financiero y después las restricciones de las tarjetas de crédito respecto del Gambling), más algunas desconfianzas que a la postre resultaron infundadas.
Ya me acerco al tercer hito: la sede del club de barrio al que vamos los viernes por la noche, con mis amigos, a comer un asado o hacer la previa antes de salir a tomar algunos tragos a algún pub o disco. Sede en la cual la mayoría iba a tomar unas cervezas, o Fernet con bebida cola, o algún vodka con energizante y jugar truco o mosca, nuestros juegos de naipe autóctonos. Como les adelanté, con ellos, mi entorno, no jugaba Poker, la mayoría de ellos no lo sabía jugar, o no conocía la variante Hold’em, pero no me costó más de una noche infectarlos con algo de mi veneno y ya van más de 2 años de viernes de NLH… Siempre una mesa de 6, 8 o 10 jugadores y, en alguna ocasión, dividiéndonos en 2 mesas, cuando el número obliga. Sin paño, con fichas ordinarias al principio, fichas de mayor peso y mejor calidad después, cada vez con algo más en juego, pero, invariablemente, con la misma diversión asegurada.
Bueno, un tiempito después, con horas de club, freerolls online y la formación de Intelli en mi mochila de experiencias, sucedió lo que varios de ustedes ya saben, a modo de cuarto hito, algunos buenos resultados online, el paso a Real Money, sin depositar, con un bank más que interesante y la experiencia de haber jugado, fuera de mi país y clasificando en free roll, un Major Tournament en vivo.
En el medio de todo esto, y no menos importante, muchos buenos amigos, viejos y nuevos, virtuales y de carne y hueso, compatriotas y del exterior, hispanohablantes y de otras lenguas, y algunos verdaderos tiburones (ver foto), todos con una gran camaradería.
Practicando deportes extremos: “nadando con tiburones”
No sé si este relato fue de vuestro interés, pero imagino que algunos podrán identificarse con algunas de las circunstancias de estás anécdotas que explican, en parte, el por qué de mi gran afición por este precioso juego/deporte.
Para convertir esta pequeña historia en un completo cuento de hadas, solo restaría que mi juego, y un gran guiño de la diosa Fortuna, me otorguen la gracia de ganar un Sunday o un Major “Live” Tournament. ¿Tamaña empresa, no? Pero… ¿quién se atreve a negarme la existencia de alguna probabilidad?
Yo, mientras tanto, le doy mi más profundo agradecimiento a aquella prematura Escalera Real de diamantes que, por todo lo dicho, “con su mordida venenosa” me proveyó de mucho más que aquellas fichas de “Monopolio” con las que jugamos en esa ocasión.
Hasta la próxima.
Saludos y… Buenas Manos!!!





